OPEN BORDERS

Espejos y Ventanas / Mirrors and Windows: Nuestras Historias en Español

Nuestras Historias en Espanol - 1

JesúsVillicaña López

Salí de Moroleón por la Madrugada, Muy Triste

[Jesús Villicaña López es de La Ordeña, un rancho cerca de Moroleón, en el estado de Guanajuato.  Vino a Kennett Square cuando tenía 16 años– 6 meses antes de hacer esta entrevista.]

Jesús Villicaña López

Jesús Villicaña López

Yo decidí venir [a el Norte] por mí mismo, por querer buscar una nueva forma de vida o un futuro para mí mismo.  Por querer realizar mi vida dependiente de mí mismo y ayudar a mi familia–a mi mamá y a mis hermanos.  Tengo cuatro hermanos, todos son menores que yo.  Tengo una hermana que tiene ocho años y un hermano que sigue enseguida de mí de catorce años y el menor de doce años.  Por ser el hijo mayor tengo la mayor responsabilidad de estar junto de ellos, de protegerlos a ellos y a mi mamá.  Tengo la obligación de darles lo mejor, de tratar de abrirles más las posibilidades de que se superen, a vivir la vida.

En México, vivíamos en una casita de piedras pegadas con tierra y con un piso de tierra, con solo un cuarto para toda la familia.  Nuestro sustento y alimentación era el cultivo de maíz y de fríjol–el cual se alimentaban la mayoría de los habitantes de mi región.  [Mi madre] insistía en que la escuela sería la  forma para superarme…Yo sé que la escuela sí es de mucha utilidad, pero como yo no contaba con los suficientes recursos para seguir estudiando, ni mi madre ni mis abuelos.  Pues, tuve que venirme para acá y decidí dejar la escuela.  Yo en mis pensamientos creo que a través de mi trabajo que estoy realizando aquí en los Estados Unidos puedo sacar a mis hermanos adelante, brindándoles un mejor estudio, una carrera para que no tengan que hacer el mismo sacrifico que yo estoy haciendo aquí por ellos.  Yo les mando a mi familia cuatro o cinco veces de lo que ganan en México al mes.  Ya pasan tres o cuatro semanas ya junto mil dólares y los mando para México.

Salí de Moroleón a el Norte por la madrugada, muy triste.  Estuve con  un grupo–mi tío y alguno de sus amigos, todos mayores. La noche antes de salir yo traté y traté de dormir bien para en la mañana salir bien, pero no pude dormir toda la noche.  La pasé en vela junto con mi mamá y entonces se llegó la hora en que yo tuve que prepararme para salir. Mi tío llegó a la casa y dijo que ya habían llegado por nosotros. Salí con mi maleta y, pues, con la bendición de mi madre, subí al carro y salimos. Todos tristes, llorando, dejamos las familias y nuestro rancho atrás. Íbamos mirando siempre hacia adelante con el fin de encontrar una nueva forma de vida y enfrentando distintos problemas.  Pero, pues, a la vez,  era una aventura riesgosa y muy peligrosa.

Yo soy uno de los jóvenes en el campamento.  Cuando al principo venía aquí, pues la verdad es que yo me sentía con un miedo enorme dentro de mí, puesto que yo no sabía dónde estaba ni conocía a ninguna otra persona, sólo a mi tío que me estaba acompañando.   De noche a mí se me hacía una profunda soledad de estar en un lugar tan grande y sin conocer a nadie.

Pues la verdad, yo me sorprendí mucho las condiciones dentro del campamento.  Cuando salí desde México yo pensé que iba a llegar a un lugar donde íbamos a estar, pues, libres, con un espacio grande para vivir.  Pero al llegar aquí me dí cuenta de que no era así–era un lugar pequeño donde estábamos agrupados muchos.  Aveces cuesta trabajo entendernos unos a los otros,  puesto que somos muchos–somos 16 personas hasta ahorita, pero en el verano serán 20.  El campamento es un largo cuarto, un espacio abierto, sin dormitorios separados.  Cada quien tiene su propio lugar en donde descansar, pero no hay ningún sitio privado.   Pero todos los que están allí respetamos las cosas de los demás.  Al estar viviendo muchas personas juntos, sí a veces se llega a haber muchos conflictos, pero nosotros sabemos que debemos de evitar éso.

mushroom dobles

Yo constantemente me levanto por la madrugada, a las dos de la mañana.  Antes de ir al trabajo desayuno un poquito.  Si yo quiero,  puedo descansar un día o dos días a la semana, pero ahora que no estoy cansado, pues es cuando debo de echarle más ganas al trabajo.  Así, trabajo siete días a la semana, algunos días trabajo 12 o 13 horas.  Me pagan por caja, yo ando por contrato–si quiero obtener más dinero, yo tengo que esforzarme más por tratar de pizcar más hongo.  Le piden a uno que pizque de promedio de seis cajas cada hora—le pagan $1.00 por caja.  Cada caja contiene diez libras de hongos.   Hay veces que lleno ocho o diez cajas cada hora—o sea, pizco 80-100 libras de hongos cada hora.

Me gustaría decir algo a todas las personas que piensan que estar aquí en los Estados Unidos es algo fácil.  Quiero que sepan que no es así porque uno no sabe a lo que se va a enfrentar.  Piensa que va a venir aquí encontrando la felicidad, un mundo nuevo lleno de maravillas–pero no es así.  Va a enfrentar una soledad tremenda, con una inmensidad de problemas grandes y chicos.  Se tiene que hacer responsable para sí mismo sin ayuda de los demás.

Yo le aconsejaría a quien piensa en venir acá que pensara bien en las cosas.  Primero, se pusiera a pensar en qué va hacer al estar acá, con quién se va a venir en ese viaje, y si está preparado físicamente y mentalmente para enfrentarse a sus problemas personales y sociales.  Porque al no estar preparado para enfrentarse a la vida, enfrentarse a nuevos retos, es algo que con el tiempo se le va a hacer a uno un peso enorme.  Muchas veces puede ser por la desgracia que uno no puede llevar ese peso, y llega a andar en malos pasos.  Y todo lo que esperaba de venir acá va a estar en otros pasos que no deseaba.  Puede recaer en diversos vicios, en el alcohol o en la drogadicción, y las ganas que les traía acá, a trabajar y superarse, se van a quedar en el olvido.  Pues, si la persona viene con ganas, con interés, y sabe por qué viene y a lo que viene, y qué es lo que va a realizar acá,  pues sí–vale la pena.

[Unos pocos meses después de esta entrevista, el padre de Jesús falleció.  Jesús no pudo regresar a México para asistir a su entierro.  En la primavera del 2004  su madre, dos hermanos y hermana se mudaron a su nueva casa de tres cuartos en La Ordeña—pagada con los $10,000 que Jesús les había enviado.] 

Margarita Rojas 

Dejé la Mitad de Mi Corazón Allí

[Margarita Rojas tiene 32 años.  Creció en Zacapu, Michoacán, y vino a los Estados Unidos cuando tenía 18 años. Esta entrevista se completó una semana antes de que su orden final de deportación fuera puesta en efecto.)

Margarita Rojas

Margarita Rojas

[Margarita Rojas tiene 32 años.  Creció en Zacapu, Michoacán, y vino a los Estados Unidos cuando tenía 18 años. Esta entrevista se completó una semana antes de que su orden final de deportación fuera puesta en efecto.)

Después de que yo salí de la secundaria mis sueños siempre eran ser maestra  de Kinder,  tener algún dinero–que no teníamos en la casa   Pero lo económico no facilitó mis sueños y, después, el hombre que llegó a mi vida—el padre de mis hijos–me quitó la intención.  Yo le platicaba que yo iba a seguir estudiando–pero no se usaba mucho, en las tradiciones de ellos, que la mujer estudiara.   Como que era más, “La mujer no debe de estudiar, ya al rato se casa y nunca va a ejercer la carrera.”

Era muy difícil venirme acá, porque dejaba mi corazón allá, mi tierra, mi familia, pero yo sabía que tenía que luchar por hacer una vida mejor.  Pensé que iba a estar mejor. Para mí era bien difícil cambiar de país, cambiar de costumbres, cambiar de todo. Yo recuerdo que cuando yo me fui a despedir de mis padres mi casa estaba muy triste–parecía que alguien se había muerto, todos estaban llorando. Yo tuve que abrazar a mis padres y decirles que me venía. Mis padres lloraron, pero no me detuvieron ellos–ellos creían siempre que nosotros deberíamos de hacer nuestra propia vida. Pero le digo, dejé la mitad de mi corazón ahí.

Todos esos cinco años[aquí en los Estados Unidos con mi primer esposo] fueron de abuso, violencia, de maltrato, insultos diarios. Y todo este tiempo [mi hija] Adriana vió como vivíamos—ella se asustaba y  ella lloraba.  Ella tenía como seis años, y estaba muy traumada.  Ella no lo quería.  Ella me decía que cuando veía a su papá le dolía el estómago–le tenía miedo, porque también a ella la golpeaba, la maltrataba.  Entonces, bien recuerdo–fue el 30 de diciembre del 1994 cuando él me golpeó mucho, muy feo, sin sentido, sin razón–él estaba loco.    Yo pensé, “Va a llegar el momento que Dios me va a permitir salir, porque hoy me voy.”  Entonces, en el transcurso de la madrugada, yo lo estuve velando que se durmiera.  Dejé a mis hijos vestidos, inclusive con la chamarra.  Cuando yo escuché que él estaba hasta roncando–eso fue como a las 5 de la mañana–yo tomé a mi Richie en brazos y desperté a Adriana y le dije, “Madrecita,  vámonos de aquí.”  Ella se puso feliz y, rápida, mi hija salió, como cangurito sin hacer ruido.  Y salimos, gracias a Dios.

Me dediqué a trabajar fuertemente para sacar a mis hijos adelante y que ellos pudieran tener una buena ropa, un buen calzado.  Y lo estaba logrando.  En la mañana limpiaba casas, desde las 12 hasta la 1 de la tarde.  Yo, después de limpiar casas, me bañaba y me salía a hacer demostraciones, a vender ropa, joyería de oro, productos de belleza y ropa interior de mujer.  Yo era dueña de tres negocios;  yo tuve una cadena, una red enorme, como no se imagina, de gente que dependía de mí–ellos vendían y a mí me pagaban un porcentaje por las ventas.  Tuve popularidad.  Pude tener un apartamento para mí y mis hijos.  Me transformaba. Mi vida cambió después de que yo me fui a vivir sola–estaba entonces feliz.     Yo quería tranquilidad, quería paz.  Yo quería sacar a mis hijos adelante, yo sola, y que nadie me dijera, “Por mí comes tú y tus hijos,” o “Por mí tienen donde dormir, donde vivir.”  Por esa razón yo había llorado mucho.  Yo quería decir, “Yo puedo, yo sola, no necesito de nadie.”  Yo dejé de llorar entonces.

Margarita Rojas Family Portrait

Margarita Rojas Family Portrait

Por fin empezé una relación bien bonita [con un hombre que se llama Pablo, un mexicano y  ciudadano mericano.]…  Pablo no era el macho típico que yo había conocido. Él me estaba dando mucha confianza de poder ser libre, de poder tomar mis decisiones; y que él nunca se iba a oponer.  En septiembre del 2000 nos casamos oficialmente ante el juez.  Le digo, todo esto para mí era lindísimo, porque ya me sentía protegida, ya me sentía amada, me sentía muy respaldada y respetada.  Él quería una familia y yo se la dí.  Yo quería felicidad, atención, apoyo, y él me la dió.

[Yo apliqué por un permiso para trabajr de la Inmigración, pero] lo único que me estaban entregando era una orden de deportación… Yo me siento muy mal, me siento como si me tienen amarrada, que no puedo hacer nada, me siento como una criminal. Yo digo que es injusto después de tanta lucha, porque estoy casada con un ciudadano americano, con dos hijos ciudadanos y una residente.  Me siento muy frustrada porque pienso, “¿Qué va a pasar con mis hijos, con los derechos de ellos, los sueños que tienen?”  Me siento más mal por ellos, más mal que ellos van a perder todo lo que es su vida aquí.  Ya me siento como que si me tuvieran en una bolsa de plástico, que no puedo respirar, me siento ahogándome. Quisiera que me dejaran respirar, me dejaran ser libre.

Mis sueños para mis hijos son que ellos puedan ir al colegio, que se puedan realizar como unos profesionales y que no tengan que estar dependiendo de nadie como lo hizo su madre. No me gustaría que ellos tuvieran que pasar los trabajos que yo pasé–no quiero que mi hija esté limpiando casas y ni que mi hijo esté buscando trabajos que lo corran de un lado, que lo corran de otro.  Como yo le he dicho a Adriana, “Qué feliz fuera yo verte trabajando, ayudando a mucha gente, que extiendas tus manos al que lo necesita –porque recuerda cómo nosotros necesitamos y tuvimos mucha gente que nos ayudó.”

Me siento muy mal porque al fin mi esposo y yo encontramos la felicidad, y una ley nos va a separar.  Lo único que yo le pido a Dios es que cuando vamos a la Corte Federal, el juez sea una persona justa.  Si yo tuviera la oportunidad, le diría al juez que no se pusiera como un juez, sino como un ser normal con sentimientos.  Yo le diría, “Yo no soy una delincuente, yo no maté–¿por qué me estás juzgando así?  Piensa más en el bienestar y derechos de los niños.  Tenga compasión—todos tenemos hijos.  No tome tanta atención en lo que yo hice, por haber violado esta ley y re-entrado–lo hacen millones y millones–casi cada mexicano que está aquí lo ha hecho.”  Yo soy orgullosa, y para mí es bien difícil el pedir perdón–es como estar doblegándome y humillándome;  pero sí, por mis hijos, lo hago.  Yo le diría al juez, “Yo quizás no lo demuestro,  pero mi corazón está partido. Yo ya no lloro–por muchísimo tiempo lloré, y no quiero llorar más.  Lo único que le pido es que no destruya mi familia.”

[Margarita Rojas había decidido volar a México con sus hijos el 25 de enero—el día antes de su fecha de aparecer ante las autoridades de Inmigración, y enfrentar deportación.  Pero, al último minuto, ella decidió quedarse en los Estados Unidos y apelar su orden de deportación una vez más, para que su hija, Adriana, pudiera recibir la atención médica que necesitaba.  El 26 de enero ella les dijo adiós a sus hijos y apareció ante el Servicio de Inmigración, preparada para enfrentar detención en una cárcel, en espera  de la apelación de su orden de deportación.  Su deportación fue pospuesta, y a ella le dejaron regresar a casa para cuidar a sus hijos. Su caso todavía está en las cortes.]Salvador Garcia 

Este Green Card Representa Años de Sacrificio

[Salvador García Baeza tiene 54 años de edad, y es del pueblo de Moroleón, México.  Vino para trabajar en la industria de los hongos en Kennett Square en 1979, y obtuvo su residencia permanente en 1986.  Trajo a sus hijos a Pensilvania en 1996, y su esposa e hija vinieron en 2000.]

Salvador Garcia

Salvador Garcia

Yo pienso que nuestra familia sobrevivió la separación porque sobre todo hubo comunicación por cartas, cuando eran pequeños de 10 años, de 12 años, de 14 años. Había cartas individuales, una para cada uno, dándole consejos.  Creo que mi esposa tiene unas 300 a la mejor, tiene todas las que yo le mandé durante esos 21 o 22 años.  Había una carta cada mes.  Hubo mucha comunicación por teléfono, preguntaba por todos, platicaba con ellos 10 minutos, 15 minutos. Les daba consejos. Yo sentía una alegría después de hablar con la esposa, con los hijos.  Me daba un ánimo muy grande para empezar a trabajar otro día.

Sí,  como no, era duro por estar separado de mis hijos.  No los vi crecer.  Ahora sé cómo son porque los veo.  Entonces digo para mí es un orgullo por el comportamiento que tienen y también un orgullo con la esposa, que los supo dirigir cuando yo estaba en los Estados Unidos.  Hay familias que no son así.

[Ahora donde trabajo] me pagan $7.20 cada hora, y he trabajado allá por ocho años.  En ninguna parte se paga tiempo y medio.  Ahora estoy yo trabajando un mes y medio trece horas diarias—70-80 horas semanales—y no pagan tiempo y medio.  Ellos dicen que no se paga tiempo y medio porque es un trabajo que le nombran “agricultura”.  Yo pienso que pasando de 40 horas la semana se debe pagar tiempo y medio,  no importa cómo se llame—“agricultura”, o cualquier clase de trabajo.  Lo importante que pienso yo es que uno trabaje.

Yo pienso que donde estoy, no es fácil de quejarse y formar un grupo porque allí le tienen un miedo horrible, espantoso a que uno vaya a defenderse.  Porque tienen miedo que les digan no más trabajo para tí por andar quejando.  Yo pienso que el miedo de ellos es que la mayoría no tienen papeles—10%, no más, tienen sus papeles.  De esos 80 empleados mexicanos donde trabajo, quince tenemos permiso de trabajo y papeles buenos, y pienso que 65 son ilegales… Pero es la verdad también que los mexicanos sin documentos no tienen mucho miedo de ser deportados.  Entonces, por decir, algún día la inmigración entra, y hay una redada de los 65 ilegales.  Automáticamente la fábrica se queda sin gente.   Entonces, los 15 que quedarán no vamos a hacer el trabajo de los otro 65, ¿verdad que no? [Se ríe.]Aunque los patrones saben bien que es ilegal agarrar ilegales, ellos lo hacen– porque pagan más barato ¿Si?   Es un tipo de explotación–las ganancias de ellos son muy buenas con el ilegal.  El gobierno de los Estados Unidos dice que el ilegal es una carga para los Estados Unidos, pero yo pienso que no.  Porque si el ilegal gana $300 a la semana y a uno le rebajan tax sobre ingresos, a uno le rebajan Seguro Social, taxes locales, y taxesde estado, entonces ¿cómo es el ilegal una carga?  Si el gobierno está pensando en echar esa gente ilegal para afuera, para México o para El Salvador, o para Guatemala, o Argentina donde sea, dime ¿quién va a trabajar?  ¿Quién?   Porque los americanos no van a trabajar por las $6.50 a la hora.  La gente que trabajan en las fábricas, las hongueras, la construcción, muchos hoteles,  los restaurantes, ¿no? Como MacDonald’s, o Burger King, o Wendy’s—la mayoría son mexicanos.  Yo pienso que el gobierno de los Estados Unidos debe hacer lo que hizo conmigo y con todos los mexicanos en1986—darnos la amnistía y la residencia.

green card

Yo me acuerdo el día que recibí mi green card, en el 86.  Fui a una oficina de migración que había en el pueblito que se llama Lima.   Me hicieron preguntas, que si migración me había agarrado alguna vez, que si tenía problemas con la policía.  Les dije que no.  Entonces me dijeron que si era mexicano,  les dije que sí.  Me dijeron, “Si eres mexicano cántanos la canción de “La Bamba”.  ¿Cómo es que es?  Si la cantas y vemos que sí tu la sabes, es que eres mexicano. Si no, es que nos está  mintiendo”.   Ahí me tienen cantando “La Bamba”, y yo allí demostrándoles que sí era mexicano,  sí.

♫ Para bailar la Bamba

Para bailar la Bamba

Se necesita una poca de gracia ♫

Bueno, para mí significa un gran orgullo por haber obtenido mi green card.  Este green card representa años de sacrificio—de no estar con la familia, de vivir y trabajar con puros hombres, de sufrir.  Es duro.

Pues cuando me muera, me gustaría que me recuerden con cariño, que  me recuerden por lo que yo les di en mi vida—cositas.  El orgullo más grande que tengo es sobre la gente que yo conozco, de amigos, de vecinos, en México y aquí.  Y compañeros de trabajo, que he vivido con ellos y he trabajado con ellos. Tengo orgullo de estar cumpliendo con mi familia, con mis hijos.  Siempre estuve pendiendo en ellos cuando estuvieron en México, de mandarles dinero, que no les faltara para comer.  Aunque aquí luego me tomaba unas cervezas, nunca fue más de seis, o así.  No gastaba todo el dinero que ganaba sólo en mí.  Siempre pensaba en la esposa, en los hijos.  Que no les faltara en dónde vivir, y qué vestir, y qué comer, y su educación.  Yo 00le digo a la esposa mía, le digo, “Tú corriste con suerte conmigo, en tu matrimonio conmigo.”

           Mayra Castillo Rangel

                               Yo Estoy Tratando de Encontrar un                                Punto Medio de Ambas Culturas

[Mayra Castillo Rangel tiene 22 años de edad, y vino a los Estados Unidos cuando tenía 12 años.  Ella es graduada de Chestnut Hill College,  donde se especialiazó en el idioma francés y comunicaciones.  Ahora ella trabaja en La Universidad de Arcadia, en las Oficinas de Ayuda Financiera y Admisiones;  y también es la Coordinadora de Reclutamiento de Minorías. Mayra es la maestra del grupo de Danza Tenochtli de la Misión de Santa María Madre de Dios, en Avondale, PA.]

Mayra Castillo Rangel

Mayra Castillo Rangel

Llegamos aquí el 14 de julio, durante el verano de 1993, justo después de graduarme del 6to.  grado de primaria allá. Cuando entré a la escuela aquí, fui a una escuela donde enseñaban solamente en inglés, aunque había algunos maestros y clases bilingües. Antes de empezar la escuela, recuerdo que mi papá compró un pizarrón, gis y borrador para mi hermano y para mí. También nos prestó sus libros de inglés para empezar a prepararnos para la escuela.  Dijo que yo tenía que aprender lo que pudiera sola y que en ocasiones él me ayudaría con lo que sabía—ahora me doy cuenta que no era mucho—pero aunque era poco, eso y el alentarnos era una ayuda. Me enseñó el alfabeto, los números y cosas básicas. También nos llevó con una amiga suya puertorriqueña en la planta de los hongos donde trabajaba para que ella nos ayudara también.  Ella nos leía  libros y el primer libro en inglés que leí fue escrito por el Dr. Seuss. Creo que era algo como “Un Pez, Dos Peces, Pez Azul, Pez Rojo”.  Al final de la lectura me sentí muy orgullosa porque pude leer todo el libro sola, aunque fuese de memoria. Podía reconocer algunos números y colores y otras palabras y podía darme cuenta de que tenía buena pronunciación.

Creo que entrar a la escuela fue muy difícil.  Tenía mucho miedo… Me tenía que presentar yo sola en la oficina principal para obtener mi horario y para que me dijeran cómo funcionaban las clases. Estuve tan contenta cuando supe que el [principal], Sr. Carr hablaba algo de español. Eso me confortó, pero aún así no pude evitar llorar delante de él… Yo estaba muy, muy nerviosa y asustada y no podía evitarlo. Sentí tanta congoja y vergüenza y más miedo y entonces lloré aún más.

Creo que mi familia continúa muy apegada a las tradiciones mexicanas. Yo estoy entre las tradiciones mexicanas y las llamadas “americanas”. Me gusta eso y creo que es ventajoso para mí entender dos mundos diferentes. Viviendo en los Estados Unidos, creo que entiendo la cultura y el idioma, pero trato de no apartarme mucho de mi cultura mexicana. Todavía me siento orgulllosa de decir que soy mexicana, pero estoy contenta de vivir en otro país donde he tenido que adaptarme a una cultura nueva. Como mexicana me encanta la cumbia, un poco de quebradita y, claro, las danzas folklóricas tradicionales. Me encanta la comida y aunque no sé como cocinar los platillos tradicionales, de vez en cuando todavía le pido a mi mamá que me haga un molito, o un pozolito o quizás algunas enchiladas e incluso unas gorditas. Claro que me encanta mi idioma, el español que hablamos en casa. De vez en cuando se me olvidan algunas cosas ya que no hablo español todo el tiempo. Viviendo en los Estados Unidos, amo mi libertad. Ya no soy una abnegada mujer mexicana, destinada solamente a ser esposa y madre. Es a la conclusión que he llegado de mí misma ahora que vivo aquí.

Creo que en parte, mi mamá ha sido el ejemplo a seguir, quizás sin siquiera querer serlo o darse cuentaello.  Yo he oído a mi mamá hablar y he visto cómo ha trabajado fuertemente toda su vida, agunas veces hasta con dos o tres trabajos, aparte de ser madre  y ama de casa, todo al mismo tiempo.  Los mexicanos tendemos a creer o siempre decir que el hombre es el jefe del hogar, el que contribuye con el dinero, el que más trabaja, sin embargo mi mamá me ha mostrado que yo puedo salir adelante y hacer lo que quiera, porque ella misma ha hecho lo mismo.

Rini Templeton

Rini Templeton

Me acabo de graduar de Chestnut Hill College , donde estudié francés. Eso es lo que escogí como carrera, aunque todavía no he planeado qué voy a hacer con esta carrera. La gente me dice que tengo el don de aprender idiomas, quizás sea así, pero la parte más difícil es descifrar qué hacer con ese don. A veces he pensado en ser consejera escolar porque tuve una en la escuela secundaria que realmente me ayudó cuando estaba pasando por una etapa difícil de mi vida. Tuve dos profesores universitarios que me apoyaron mucho y creyeron que podía hacer mucho con mi vida. Dijeron que lograría grandes cosas en la vida. Cuando me dijeron eso, les creí y poco a poco me hice valor para buscar y pedir más de la vida. Si hay algo que quisiera hacer para la juventud de mi comunidad y de otras, es alentarlos, hacerles ver que estamos en el país de las oportunidades y de más posibilidades que las que tuvieron nuestros padres en México y si quieren hacer realmente algo, sigan adelante y alcancen sus metas. Eso es difícil a veces, pero se puede lograr.

A veces me pregunto si mi familia ha logrado el “sueño americano”, en parte sí y en parte no. Nuestro sueño era tener una mejor vida que en México y de alguna manera la tenemos.  Mis padres tienen un hogar, un trabajo, mi papá tiene algunos beneficios, tenemos comida en la mesa y algunas otras diversiones que hemos logrado, un gran avance como son los carros– no carros lujosos o incluso carros nuevos—pero lo que necesitamos para transporte, y sentimos que hemos logrado algo de una manera u otra. Tengo una educación superior que yo sé no hubiera tenido en México. He viajado a muchos lugares del mundo, algo que no creo que hubiera podido hacer si me hubiese quedado en México. En realidad pienso que estaría ya casada y con hijos ahora; nada malo en eso, pero simplemente estoy mucho más contenta como estoy ahora: soltera. Sí, en el aspecto material estamos mejor, pero todos hemos sufrido mucho. Hemos perdido el confort de sentirnos en casa cuando regresamos a México porque nos hemos convertido en “Norteños” y hemos perdido una gran parte de nuestra identidad mexicana mientras que hemos ganado una nueva en los Estados Unidos. Todos hemos sufrido discriminación racial de una manera u otra y nos hemos sentido inferiores en ocasiones y eso definitivamente no era parte de nuestro sueño. 

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Se puede leer las historias completas de Jesús, Margarita, Salvador y Mayra, tanto como las historias de ocho otras familias, por ordenar Espejos y Ventanas / Mirrors and Windows, Oral Histories of Mexican Farmworkers and Their Families, por

http://www.syracuseuniversitypress.syr.edu/spring-2008/mirrors-windows-oral-histories-mexican.html

El libro es en inglés y español. También en el website hay un Guía para Maestros, lo cual es gratis.

English version

 

Eliza Drake Auth

Eliza Drake Auth

Eliza Drake Auth

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Eliza Drake Auth is a painter who lives and works in the Philadelphia area. She is a graduate of the Pennsylvania Academy of Fine Art. Primarily a landscape painter, her work can be seen at Sherry French Gallery, New York City and Richard Rosenfeld Gallery, Philadelphia.

Works by Eliza Drake Auth

Natural Beauty

Laura Martin Bacon

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Laura Martin Bacon

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Laura Martin Bacon is a longtime writer and creative consultant for Williams-Sonoma and other well-known entities. She’s also the Culinary Creative Director of DooF (“food” backwards), an organization that uses multi-media entertainment, education and live events to help kids and families discover the magic of food. DooF explores every aspect of food – from flavors, history, science and cultural traditions to the exciting journey from source-to-table. Laura’s mission: to make good food fun – at home, in the classroom and beyond.

WEBSITE: www.foodbackwards.com/

Works by Laura Martin Bacon

WILD TABLE

Adventures of a Truffle Dog

Bumps in the Soup

Farmer Alf Bexfield, Age 100: Harvesting a Century of Memories

Chef Justice: A Neighborhood Chef Cooks Up Dreams

Ned Bachus

Author and teacher Ned Bachus earned multiple teaching awards during his 38-year career at Community College of Philadelphia, including the Christian and Mary Lindback Award for Distinguished Teaching. His book of short stories, City of Brotherly Love, received the 2013 IPPY Gold Medal for Literary Fiction. His memoir, Open Admissions: What Teaching at Community College Taught Me About Learning, will be published by Wild River Books in 2017.

Lauren Baker

Lauren Baker studied at Rider University, studying English and Elementary Education. She has strong interests in and passions for literature, creative writing, and sidewalk-chalking. She spends her free time coffee-drinking and shoe-shopping.

Elizabeth Bako

Elizabeth Bako

Elizabeth Bako

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Elizabeth Bako lives between Center City, Philadelphia and New Hope, Pennsylvania. She acts as contributing editor and writer for Wild River Review, published in fiction and non-fiction. She has just finished her first YA novel and is working on her second. She has a background in editing, writing and social media, and works as a private consultant and content editor for writers. Her most recent projects include Anatolian Days and Nights by Wild River Review editor-in-chief, Joy E. Stocke and, The Last Daughter of Prussia by Marina Gottlieb-Sarles.

In partnership with Wild River Review, Elizabeth and colleague, Fran Metzman, will be hosting Writing Beyond the Paradigm; a series of dynamic workshops providing a new approach to creative writing and memoir.

Kate Baldwin

Katie Baldwin migrated to Montana, the Big Sky Country, from California. She attended Montana State University studying History, German and Spanish. Baldwin’s father is a pilot for Northwest Airlines, and she spends all of her school breaks traveling. In Montana, she skis, hikes, and volunteers for numerous organizations. Her energy to affect social change spans issues from Habitat for Humanity to land mine eradication, political campaigning, or raising the minimum wage for Montanans. Katie hopes to work for an international development organization after graduating, taking a position abroad, of course.

ALL ARTICLES BY KATE BALDWIN

No. 56 Good Fortune

Susan Balée

Susan Balée regularly contributes essays on literature and culture to The Philadelphia Inquirer and The Hudson Review. Her work has also appeared in many other journals including The Times Literary Supplement, The Women’s Review of Books, The Weekly Standard, and Wild River Review (“Memoir of a Ghost”). Years ago she edited a literary magazine, Northeast Corridor, where parts of Dana Gioia’s libretto for Nosferatu originally appeared.

Works by Susan Balee

FICTION

Alimentary

INTERVIEWS

Dana Gioia: An Acknowledged Legislator of the Word

MEMOIRS

Memoir of a Ghost

L. A. Banks

The late Leslie Esdaile Banks, (1959-2011) was an African American writer. She wrote in various genres, including African American literature, romance, women’s fiction, crime suspense, dark fantasy/horror and non-fiction. Leslie wrote under the pseudonyms L. A.  Banks, Leslie Esdaile, Leslie Banks and Leslie Esdaile Banks. She won several literary awards, including the 2008 Essence Literary Awards Storyteller of the Year.

Banks was born and raised in Philadelphia.

Banks contributed to magazines, newspaper columns, and has written commercial fiction for five major publishers: St. Martin’s Press (NYC), Simon and Schuster (NYC), Kensington Publishing (NYC), BET/Arabesque (NYC), and Genesis Press (MS). Books one and two of The Vampire Huntress Legend Series (Minion and The Awakening, respectively), were optioned for Hollywood films by GothamBeach Entertainment and Griot Entertainment. Originally a nine book series, The Vampire Huntress Legend Series was expanded to twelve books.

Leslie Esdaile Banks was a founding partner of The Liars Club, a networking group of professional in publishing and other aspects of entertainment.

Alex Barriger

Alex Barriger

Alex Barriger

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An avid reader and budding writer, Alex lives and works in Washington, DC. He graduated from American University with a Bachelor’s of Arts in International Studies in 2007 and has worked for the J. William and Harriet Fulbright Center since graduation. Besides being a political junkie, he is a volunteer at the Washington Animal Rescue League. Alex rides the Metro to work every day.

EMAIL: alex.barriger@gmail.com

WORKS BY ALEX BARRIGER

FIRST BYLINE: Public Transportation: Twelve Rules for Riding the Bus, Subway, Plane, or Train