La maleta estuvo replete
de escorpiones de vasijas de barro y tierra
de tostado de habas de pailas de bronce calientes
con dulce de leche y membrillo
reventándose con culebras venenosas.
Nuestro destino fue alejarnos de los olores
a maqueño y a tomate de árbol
maduros en los techos de los labios.
Nuestro destino como el de mi padre
con un par de chelines en el bolsillo agujereado por la estrella
que dijo adiós a su padre con la idea de desprenderse
de las caracolas con raíces de abismos de ternura
sin tiempo para llevar la muñeca negra
que tantas veces su brazo fue cosido por el hilo del tiempo
sin tiempo para llevar las medias
que me puse el último día de colegio
sin tiempo de llevar los árboles que me trepaba
en medio de una colmena de abejas que zumbaban en la sien
sin tiempo de llevar el calor que salía de la olla del canguil
sin tiempo de llevar los brincos en el patio
sin tiempo de llevar
el álbum de familia bordado en punto de cruz
destinado a la separación
destinado a las aguas de cedrón
empapadas con lágrimas en nuestro pecho
salimos con las cenizas ardientes de un destino no escogido
llegamos sin darnos cuenta
nos detuvieron unos hombres con ojos de peces y acento
de hormigas en una rama
you must declare all the dirt that you are bringing
you could be fined
you cannot bring food to this country
you will be fined
declaramos indefensas nuestras vasijas de tostado
sacamos toda nuestra ropa interior temblorosa
sentimos lo que es pisar tierra ajena
inspeccionaron todo y a las culebras no las tomaron en cuenta.
Desde ese día en adelante
nos dimos cuenta del destino de la frontera
de hacer el amor a las fotografías amarrilladas
por la distancia de la tierra.
Abrimos la maleta
y desde ese día en adelante
nos dedicamos a sembrar
colibríes en el exilio.
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